AGOSTO 2026

Boletín Mensual

CRIAR A LOS HIJOS EN UN MUNDO DIGITAL: Sabiduría bíblica para madres que crían a una generación fiel

Jean-Michel Etienne, Ph.D.

«En cuanto a mí y a mi casa, serviremos al Señor». — Josué 24:15

Las madres de hoy en día están criando a sus hijos en un mundo que las generaciones anteriores difícilmente podrían haber imaginado. Los teléfonos inteligentes, las redes sociales, los videojuegos, las plataformas de streaming, la inteligencia artificial y el acceso constante a Internet ofrecen oportunidades extraordinarias para el aprendizaje y la comunicación. Sin embargo, también traen consigo poderosas influencias directamente a nuestros hogares.

Muchas madres se preguntan en silencio: ¿Cuánto tiempo frente a la pantalla es demasiado? ¿Qué está viendo mi hijo? ¿Quién está influyendo en mi hijo adolescente en Internet? ¿Cómo protejo a mis hijos sin ser controladora? ¿Cómo puedo mantenerlos cerca de Dios cuando el mundo digital compite constantemente por su atención?

Estas son más que simples cuestiones tecnológicas. Son cuestiones de discipulado y de carácter.

Conclusión: Criar a los hijos con vistas a la eternidad

Criar a los hijos en un mundo digital requiere algo más que normas y restricciones: requiere oración, sabiduría, relaciones amorosas y un ejemplo centrado en Cristo. La tecnología seguirá cambiando, pero los principios de Dios permanecen iguales. Nuestra mayor responsabilidad no es simplemente proteger a nuestros hijos de todos los peligros digitales, sino prepararlos para que tomen por sí mismos decisiones sabias y piadosas.

Como padres, creemos hogares en los que Cristo sea más importante que la cultura, las relaciones sean más valiosas que las pantallas y la Palabra de Dios tenga la voz más fuerte. Con oración, paciencia, límites coherentes y la guía del Espíritu Santo, podemos criar hijos que sepan vivir con fidelidad tanto en el mundo digital como en el mundo real.

El objetivo no es simplemente criar hijos digitalmente responsables, sino jóvenes centrados en Cristo y preparados para vivir para Dios hoy —y para la eternidad.