JULIO 2026

BOLETÍN MENSUAL

La administración fiel a través de una vida saludable: honrar a Dios con el cuerpo, la mente y el espíritu

Jean-Michel Etienne, Ph.D.

La administración se asocia a menudo con el dinero, los diezmos y las ofrendas. Si bien la gestión financiera fiel forma parte de la administración bíblica, las Escrituras nos enseñan que Dios nos ha confiado algo más que nuestras posesiones. Nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestras relaciones, nuestra influencia y, sobre todo, nuestra salud son dones sagrados del Creador. Por lo tanto, un administrador fiel reconoce que cuidar del cuerpo es un acto de adoración y gratitud hacia Dios.

Esta responsabilidad es especialmente importante hoy en día, ya que las enfermedades relacionadas con el estilo de vida —como las cardiopatías, la diabetes, la obesidad, la depresión y el estrés crónico— afectan a millones de personas. Muchas de estas afecciones se pueden prevenir mediante elecciones saludables. Como cristianos, estamos llamados a actuar de manera consciente para preservar los cuerpos que Dios nos ha confiado, de modo que podamos servirle eficazmente durante el mayor tiempo posible.

1. Nuestros cuerpos pertenecen a Dios

La Biblia nos recuerda que no nos pertenecemos a nosotros mismos, y esta verdad determina la forma en que cuidamos de nosotros mismos. «¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros…? Por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios» (1 Corintios 6:19-20, NKJV). Un administrador nunca maltrata lo que pertenece a otra persona. Del mismo modo, dado que nuestros cuerpos pertenecen a Dios, tenemos la responsabilidad de cuidarlos con sabiduría y disciplina. El apóstol Pablo también escribe: «Así que, ya sea que comáis, o bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31, KJV). De este modo, incluso las actividades cotidianas de comer y beber se convierten en actos de adoración cuando se realizan en armonía con la voluntad de Dios.

2. Ellen G. White sobre la administración de la salud

Ellen G. White hizo hincapié constantemente en que cuidar de la propia salud es una parte esencial del discipulado cristiano. Ella escribió: «La salud debe protegerse con el mismo respeto que el carácter». — Consejos sobre la salud, p. 51. Esta afirmación sitúa la salud física al mismo nivel que el carácter moral como algo digno de un cuidado diligente, lo que refuerza la responsabilidad espiritual ya descrita. También explica: «El conocimiento de la ciencia de la vida humana es un conocimiento de las obras de Dios. Es deber de toda persona... preservar la maquinaria viviente». — Consejos sobre la salud, p. 38. La reforma de la salud nunca tuvo como único objetivo mejorar el bienestar físico. Más bien, su propósito es preparar al pueblo de Dios para un servicio más eficaz y una relación más profunda con Él. Quizás una de sus afirmaciones más conocidas sea: «Cualquier cosa que disminuya la fuerza física debilita la mente y la hace menos capaz de distinguir entre el bien y el mal». — El ministerio de la curación, p. 128. Por esa razón, la salud física influye directamente en la percepción espiritual. Cuando nuestros cuerpos sufren innecesariamente a causa de malos hábitos, nuestras mentes se vuelven menos capaces de comprender claramente la verdad de Dios.

3 .La salud es una responsabilidad espiritual

La buena salud no consiste simplemente en vivir más tiempo, sino en servir mejor. Con ese propósito en mente, un cuerpo sano nos permite:

Un cuerpo sano nos permite:

  • Servir a los demás con mayor energía.

  • Pensar con mayor claridad al estudiar la Palabra de Dios.

  • Participar activamente en el ministerio.

  • Resistir la tentación con mayor eficacia.

  • Disfrutar de relaciones más enriquecedoras con la familia y con los miembros de la iglesia.

Cuando la enfermedad es consecuencia de hábitos descuidados, nuestra utilidad al servicio de Dios puede verse limitada. Aun así, la enfermedad no siempre se debe a malas decisiones, y las Escrituras siguen animándonos a actuar con sabiduría en todos los ámbitos de la vida.

Proverbios enseña:

«El prudente ve el peligro y se esconde, pero los simples siguen adelante y sufren las consecuencias» (Proverbios 22:3, ESV).

Los administradores fieles evitan el daño innecesario siempre que sea posible.

4. Los ocho principios de la administración bíblica de la salud

Dios ha proporcionado principios sencillos que contribuyen a una vida plena y pueden guiar nuestras decisiones diarias.

  1. Alimentos nutritivos

La dieta original de Dios se centraba en los alimentos vegetales saludables.

«Mirad, os he dado toda hierba que da semilla… y todo árbol cuyo fruto da semilla; os servirá de alimento» (Génesis 1:29, NKJV).

Elegir alimentos nutritivos fortalece el cuerpo y favorece la salud a largo plazo.

  1. Ejercicio regular

La actividad física fortalece el corazón, los músculos y la mente.

Caminar, hacer jardinería, montar en bicicleta, nadar y otras formas de movimiento nos ayudan a mantenernos físicamente capacitados para el servicio a Dios.

  1. Agua pura

El agua es uno de los mayores dones de Dios para mantener la salud. Una hidratación adecuada favorece casi todas las funciones del cuerpo humano.

  1. Aire fresco

Dios creó a los seres humanos para que prosperaran al aire libre. El aire fresco mejora la circulación, la energía y la claridad mental.

  1. Luz solar

La exposición moderada a la luz solar contribuye a la producción de vitamina D, fortalece el sistema inmunitario y favorece el bienestar emocional.

  1. Descanso

Dios mismo estableció el ritmo de trabajo y descanso.

El sábado semanal nos recuerda que la verdadera mayordomía implica confiar en Dios lo suficiente como para descansar del trabajo, y este descanso favorece una vida fiel.

Un sueño nocturno adecuado también restaura el cuerpo y la mente.

El Salmo 127:2 declara:

«Él da sueño a sus amados».

  1. La templanza

La templanza bíblica significa ejercer el autocontrol en todas las cosas.

Pablo escribe:

«Todo el que compite por el premio se abstiene de todo» (1 Corintios 9:25, NKJV).

Los administradores sanos evitan las sustancias nocivas y practican la moderación incluso en lo que es beneficioso.

  1. Confianza en Dios

Ningún programa de salud está completo sin la fe, porque el verdadero bienestar incluye el estado de la mente y el corazón.

La paz mental, el perdón, la esperanza, la gratitud y la oración contribuyen de manera significativa a la salud emocional y física.

Isaías nos recuerda:

«Tú le mantendrás en perfecta paz, a quien su mente está fija en ti» (Isaías 26:3, NKJV).

5. Jesús: nuestro ejemplo perfecto

Jesús ministró a la persona en su totalidad. Predicaba. Sanaba. Alimentaba a los hambrientos. Consolaba a los quebrantados de corazón. Su ministerio demostró que la restauración física y la restauración espiritual suelen ir de la mano, lo que pone de manifiesto la unidad de su cuidado. Mateo resume el ministerio de Cristo: «Jesús recorría… enseñando… predicando… y sanando toda enfermedad y toda dolencia entre el pueblo» (Mateo 4:23, NKJV). Como seguidores de Cristo, estamos llamados a cuidar tanto de las almas como de los cuerpos, continuando el ministerio que Él nos mostró con su ejemplo

6. Formas prácticas de poner en práctica la administración de la salud

Una administración fiel implica tomar decisiones diarias. Considera estos compromisos:

  • Empieza cada día con la oración y el estudio de la Biblia.

  • Elige alimentos nutritivos la mayor parte del tiempo.

  • Bebe suficiente agua a lo largo del día.

  • Haz ejercicio durante al menos 30 minutos la mayoría de los días.

  • Da prioridad a dormir entre 7 y 9 horas de sueño reparador.

  • Observa el sábado como un regalo de Dios para la renovación física, mental y espiritual.

  • Gestiona el estrés mediante la oración, la adoración y la confianza en las promesas de Dios.

  • Evita el tabaco, las drogas recreativas, el consumo excesivo de alcohol y otras sustancias nocivas.

  • Programa revisiones médicas preventivas periódicas.

  • Utiliza tus fuerzas renovadas para servir a los demás con alegría.

Dado que la fidelidad se construye a través de decisiones diarias, las pequeñas elecciones constantes conducen a bendiciones para toda la vida.

7. La salud como testimonio

Llevar una vida sana no tiene que ver con la vanidad ni con la perfección. Más bien, se trata de reflejar el carácter de Dios.

Cuando los cristianos cuidan de su salud con humildad y equilibrio, se convierten en testimonios vivos de la sabiduría de Dios. Los creyentes sanos suelen tener más energía para ejercer el ministerio, mentes más lúcidas para estudiar las Escrituras y cuerpos más fuertes para servir a sus comunidades.

Jesús dijo:

«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16, NKJV).

Nuestro estilo de vida puede formar parte de ese testimonio.

Conclusión:

La mayordomía fiel va mucho más allá de la gestión de las finanzas. Incluye cuidar los cuerpos extraordinarios que Dios nos ha confiado. Cada elección saludable es una oportunidad para honrar al Creador y aumentar nuestra utilidad en Su reino. Al nutrir nuestro cuerpo con sabiduría, descansar fielmente, hacer ejercicio con regularidad, practicar el autocontrol y poner nuestra confianza en Dios, nos equipamos mejor para cumplir su misión. La salud es un medio para glorificar a Dios y servir a los demás con fuerza, alegría y resistencia. Que podamos hacernos eco de la oración del apóstol Juan: «Amado, ruego que te vaya bien en todo y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3 Juan 1:2, NKJV). Que nuestras vidas demuestren que la mayordomía fiel abarca cada latido del corazón, cada comida, cada elección y cada oportunidad de honrar a Aquel que nos ha confiado el don inestimable de la vida, y de utilizar ese don al servicio de Él.